Salvo tú y yo…

SALVO TU Y YOLos recuerdos nos eligen, son ellos los que deciden con quién permanecer y qué dejar a salvo de la corriente del olvido… Sin embargo, creemos que elegimos aquello que guardar en el cajón desordenado de la memoria, o lo que abandonamos a la intemperie del tiempo.

La imaginación no nos pertenece, está hecha de esos recuerdos abandonados que no encuentran sueños donde posarse, pero aún así continúan creyendo… Nada nuevo hay entre los retales del afecto y los sentimientos… salvo tú y yo.

Nos engañamos al darle certeza a la imaginación, y nos mentimos al decirnos que hemos olvidado lo que cada día nos asalta… El “ya no me acuerdo de…” o el “ni siquiera recuerdo cuándo…” son el ejemplo manifiesto de ese engaño y de nuestra indefensión ante un pasado cargado de recuerdos, que nos asalta para decirnos que hay deudas que no se pueden saldar con un quizás.

La memoria tiene dos caras, y las dos son falsas… Una por llamar verdad a lo que ya no puede ser, y otra por decir que es lo que ya no es verdad…

Dos caras con sus dos cruces… Los recuerdos que se subieron a la espalda de nuestro tiempo para convertirlo en la vida que arrastramos, y esperar que vuelva a suceder aquello que ocurrió una vez, y la imaginación rememorada que nos dice que todo lo que iba a ser al final no es cierto.

Nos movemos entre la sorpresa del descubrimiento no buscado y el desengaño de la espera frustrada.

Cada día cuesta más trabajo encontrarse en el espejo… cada día es más difícil hallarse en una mirada ajena…

La distancia siempre es recuerdo o imaginación… En cualquier caso, no es cierta en su verdad ni en su mentira…

…Ese es el drama.

Brilla la niebla en el interior de la mirada

NIEBLA-M Lorente-2011Todo era gris… cielo, montañas y casi el aire… sólo escasos metros al frente aparecían abiertos y salpicados de luces rojas que huían por la carretera igual que yo, sin saber muy bien hacia dónde lo hacíamos, y sin ver siquiera si lo conseguíamos.

Con frecuencia la niebla nos acompaña como quien camina al lado de alguien en espera de que suceda algo, a sabiendas de que sólo quien esté cerca podrá contarlo… Pero ese querer ser testigo de los demás abandona la mirada hacia uno mismo, la deja suelta en la ingravidez de los acontecimientos sin ser consciente de que ya no podrá volver a  posarse sobre sus propios ojos.

La niebla nos oculta el camino, estrangula la mirada hasta volverla gris y dejarla sin el pulso de una realidad, que por un momento parece liberarse del escrutinio que siempre termina por cuestionarla.

Pero también la niebla ilumina la imaginación y nos dice que lo de ayer al menos fue tan verdad como el mañana que buscamos, que el camino que transitamos nos conduce al destino que hemos alcanzado, aunque ahora no estemos seguros, y aunque ahora ya todo haya desaparecido… camino, destino y nosotros mismos.

…Pero está la niebla, tan cierta como nada de lo que esconde…

Si dejamos de intentar encontrar lo que ella oculta, todo aparece más claro en la niebla, aunque resulte más sencillo negarlo… creer que la duda miente y dejar que sea el miedo quien pronuncie la verdad engañada.

Brilla la niebla en la oscuridad para negar la luz y la propia oscuridad… Es el tránsito de la conciencia, la espera relatada, el argumento que nadie nos pide, la amenaza disimulada… Es el tiempo secuestrado…

Nadie se detiene en la niebla, todos se mueven nerviosos, da igual hacia dónde lo hagan, unos buscan salir de ella, otros seguir entre su tiniebla…

…Porque hay quien arrastra canas en la mirada antes que en las sienes… y se considera joven sólo porque el tiempo le da la razón…

…Un tiempo traidor que mañana llamará ayer a este día de hoy.

Cuando caiga la última hoja…

ULTIMA HOJA-1Parece una advertencia, quizás un ultimátum hacia otra persona, pero tan sólo es la forma de mostrar el miedo que intentamos ocultar en las palabras, como si al pronunciarlas y oírlas más allá del pensamiento su sonido se convirtiera en compañía, y el eco en una presencia que nos refuerza…

“¡Cuando caiga la última hoja…!” ese fue el límite que se dieron en una película que vi hace algunos años… pero en la vida la ficción también pasea por las aceras.

Vivimos de límites, de plazos, de fechas de caducidad… Nos empeñamos en ponerle nombres al tiempo (días, semanas, horas, años…) y a las vivencias (amistad, cariño, afecto, amor…) como si la vida estuviera formada por categorías separadas, por contrastes que niegan al otro, por una discontinuidad mortal… cuando es justo lo contrario… Por eso los sentimientos suelen llegar tarde y se marchan pronto, y por ello muchas relaciones se inician cuando están a punto de terminar, porque pasamos la mayor parte del tiempo pensando qué era aquello tan simple que sentíamos y queríamos vivir, pero que no sabíamos cómo llamarlo… Como si fueran las palabras las que descubren la realidad, y no ésta la que sorprende a las palabras esperando en su lecho.

Y como sucede cuando ocurren las cosas importantes, no pasa nada… Todo continúa en esa marcha que decidimos al poner un límite para que ya nada fuera igual, porque al trazarlo se inició la espera del final de una historia que ya había ocurrido…

Nada puede acabar dos veces.

Y sucede con frecuencia que las palabras son las últimas en llegar, la rúbrica a una realidad sentida que terminó antes de que el aliento fuera suficiente para ascender hasta la voz.

Caminaba hace unos días por un parque, todos los árboles habían perdido su primera y su última hoja, todos menos uno… Ese que aparece en la foto. ULTIMA HOJA-2

Contemplé de lejos la hoja que aún permanecía unida a él… la más débil, la más expuesta, pero la única que había resistido la gravedad del otoño. Sentí que me llamaba, como si me hiciera gestos a través del movimiento suave que levantaba el aire denso de un día gris de invierno. Me acerqué a ella y la estuve contemplando en su equilibrio, en la fuerza de ese débil peciolo que se enfrentó a su destino, en la razón de su resistencia… Me acordé de ese último pájaro solitario en el cable de un tendido abandonado que día a día vuela al amanecer en espera del resto de la bandada, pero que al final regresa triste cada atardecer hasta el frío nido sin entender muy bien lo que está pasando…

…Llegó tarde a la despedida del verano y ahora piensa que es el primero… Los demás marcharon ya, pero él aún cree que el invierno no ha llegado.

ULTIMA HOJA-3Cuando caiga la última hoja, cuando vuele el último pájaro, cuando demos el último beso o digamos el último adiós no será mañana… Nada nuevo habrá pasado, tan solo sucederá lo que ya ocurrió tiempo atrás.

Será el accidente de la realidad en el que tropezará la conciencia, una vez más, para hacer de la vida trozos desordenados de lo vivido, y así creer que todo tiene sentido en ese “no ser” que acaba cuando aún las palabras están hechas de silencio e ilusión.

El latido que empuja al odio no es el golpe que mueve al amor

AMOR-ODIO-1Cuesta creer que el odio anide en el corazón, el mismo lugar donde crece el amor y del que nace un nuevo brote de vida con cada contracción… Se encoge el corazón y se alarga la vida hasta el próximo latido, una y otra vez… Otra vez cada vez miles de veces… como tambores lejanos que suenan en nuestro interior, ese lugar con frecuencia tan apartado.

Es el pulso contra el tiempo que nos abandona cada instante, la certeza de que somos aquello que sentimos, y de que el regreso siempre es una forma de volver a empezar.

Pero ¿y el odio, la ira, el resentimiento, la inquina…?, ¿de dónde surgen, qué es lo que buscan en ese corazón tan ocupado y en esa vida que renace con sus latidos?

La maldad no brota del corazón, sus raíces se mezclan con dendritas y neuronas y se asoman a la realidad por la ventana de la conciencia. La maldad es la voluntad de hacer el mal, de justificarse en el dolor ajeno, de limpiar la impotencia en el sufrimiento de otra persona… Por eso la maldad es fría y por ello no hay maldad irracional, como tampoco hay pasiones asesinas.

Nos hemos acostumbrado a justificar la maldad en nombre de las emociones porque sabemos que son ellas las que nos hacen humanos. Creemos que matar por amor a la patria, a las ideas, a nuestros dioses… es mejor que matar por dinero, por la tierra, por la propiedad… Que la violencia siempre es legítima en defensa de nuestras propias convicciones, y no es así.

Escribía Antonio Muñoz Molina hace tan sólo unos días (“Testigos de la derrumbe”, Babelia 14-12-13), que “la agresión bélica o el despotismo no son más nobles si se practican en nombre de la justicia o de la emancipación de los pueblos, y ofrecen resultados igual de criminales y de catastróficos”…

Y tiene razón, pero nos engañan los malvados al presentar su resultado revestido de trascendencia, de heroicidad, de sacrificio… de necesidad y merecimiento. La gente se siente tan bien en la victoria como tan mal viven los derrotados, y son esos sentimientos los que alimentan la aventura de la violenciaUna violencia siempre fratricida para la humanidad.

El fracaso de la humanidad está en la violencia que aún vivimos, da igual lo que hayamos conseguido con nuestro saber si no hemos sido capaces de aprender a dejar de ser inhumanos.

Y somos inhumanos en el recurso a las guerras que aún se extienden por todo el planeta, por la invariabilidad de las razones que enfrentan a los pueblos, en la violencia social y familiar, en la discriminación y la desigualdad, en el abuso del débil y del vulnerable… Somos inhumanos por querer ser más sobre la explotación de otras personas, por mirar al diferente como contrario, por ver lo distinto como un ataque… Somos inhumanos por no saber convivir como humanos entre nuestra rica diversidad y pluralidad.

…Y cada vez el humano es más inhumano en esa especie de regreso al caparazón individualista y egoísta, en esa mirada terrenal en nombre de dioses idolatrados que lleva al materialismo y al hedonismo, que dice “mañana Dios dirá” pero hoy decido yo contra todo.

El genial Ángel González escribió en su poema “Introducción a las fábulas para animales”, cómo la humanidad les debe parte de su virtud y sapiencia a aquellos asnos, leones, ratas, cuervos, zorros, cigarras… que sirvieron de moraleja y de escarmiento para que aprendiéramos y mejoráramos con cada cuento… Pero, continúa el poeta, no sin cierta preocupación, y nos dice que en la sociedad ya madura las cosas han cambiado, y que el hombre puede…

Servir de ejemplo al perro

para que el perro sea

más perro,

y el zorro más traidor,

y el león más feroz y sanguinario,

y el asno como dicen que es el asno,

y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda

perfeccionarse como tal

– ya sea

con fines belicistas o pacíficos,

con miras financieras o tecnológicas,

o por amor al arte simplemente –

no cesaré de darle este consejo:

que observe al Homo sapiens, y que aprenda.

El odio, la maldad… pasan de largo por el corazón, pero en el recorrido por las suaves aurículas y los robustos ventrículos, tienen tiempo suficiente para robar parte del amor que allí anida, y convertirlo en la ira propia de la crueldad que luego se justifica.

Somos responsables de nuestras conductas y de nuestras emociones, y cuando unas u otras se pierden en el resultado de la violencia, el odio o la injusticia, la única razón es no saber convivir en una sociedad plural. Ese es el gran reto que aún tenemos en este siglo XXI que ahora inicia su año 14, poner amor a la razón y no razones al odio.

Y continuaba Muñoz Molina cuando todavía era su año 13, “la idea puritana de la predestinación y de la innata maldad nos parece inaceptable a los progresistas, pero puede que no sea más sólida la convicción de que los seres humanos prefieren el conocimiento a la ignorancia, la razón a la ceguera, la libertad a la servidumbre”…

Es posible que sea así, pero también es cierto que la historia nos ha enseñado que sobre esos elementos nos hacemos más humanos como personas, y hacemos de la sociedad un espacio para la convivencia.

Y con ello la vida renace con cada latido, y la sociedad en cada persona.