Cuando caiga la última hoja…

ULTIMA HOJA-1Parece una advertencia, quizás un ultimátum hacia otra persona, pero tan sólo es la forma de mostrar el miedo que intentamos ocultar en las palabras, como si al pronunciarlas y oírlas más allá del pensamiento su sonido se convirtiera en compañía, y el eco en una presencia que nos refuerza…

“¡Cuando caiga la última hoja…!” ese fue el límite que se dieron en una película que vi hace algunos años… pero en la vida la ficción también pasea por las aceras.

Vivimos de límites, de plazos, de fechas de caducidad… Nos empeñamos en ponerle nombres al tiempo (días, semanas, horas, años…) y a las vivencias (amistad, cariño, afecto, amor…) como si la vida estuviera formada por categorías separadas, por contrastes que niegan al otro, por una discontinuidad mortal… cuando es justo lo contrario… Por eso los sentimientos suelen llegar tarde y se marchan pronto, y por ello muchas relaciones se inician cuando están a punto de terminar, porque pasamos la mayor parte del tiempo pensando qué era aquello tan simple que sentíamos y queríamos vivir, pero que no sabíamos cómo llamarlo… Como si fueran las palabras las que descubren la realidad, y no ésta la que sorprende a las palabras esperando en su lecho.

Y como sucede cuando ocurren las cosas importantes, no pasa nada… Todo continúa en esa marcha que decidimos al poner un límite para que ya nada fuera igual, porque al trazarlo se inició la espera del final de una historia que ya había ocurrido…

Nada puede acabar dos veces.

Y sucede con frecuencia que las palabras son las últimas en llegar, la rúbrica a una realidad sentida que terminó antes de que el aliento fuera suficiente para ascender hasta la voz.

Caminaba hace unos días por un parque, todos los árboles habían perdido su primera y su última hoja, todos menos uno… Ese que aparece en la foto. ULTIMA HOJA-2

Contemplé de lejos la hoja que aún permanecía unida a él… la más débil, la más expuesta, pero la única que había resistido la gravedad del otoño. Sentí que me llamaba, como si me hiciera gestos a través del movimiento suave que levantaba el aire denso de un día gris de invierno. Me acerqué a ella y la estuve contemplando en su equilibrio, en la fuerza de ese débil peciolo que se enfrentó a su destino, en la razón de su resistencia… Me acordé de ese último pájaro solitario en el cable de un tendido abandonado que día a día vuela al amanecer en espera del resto de la bandada, pero que al final regresa triste cada atardecer hasta el frío nido sin entender muy bien lo que está pasando…

…Llegó tarde a la despedida del verano y ahora piensa que es el primero… Los demás marcharon ya, pero él aún cree que el invierno no ha llegado.

ULTIMA HOJA-3Cuando caiga la última hoja, cuando vuele el último pájaro, cuando demos el último beso o digamos el último adiós no será mañana… Nada nuevo habrá pasado, tan solo sucederá lo que ya ocurrió tiempo atrás.

Será el accidente de la realidad en el que tropezará la conciencia, una vez más, para hacer de la vida trozos desordenados de lo vivido, y así creer que todo tiene sentido en ese “no ser” que acaba cuando aún las palabras están hechas de silencio e ilusión.