La luna llena negra

LUNA LLENANo es la oscuridad la que oculta la realidad, sino la falta de sensibilidad para entenderla…

Nuestra retina está preparada para la luz, pero no sólo para ella. Las células que contiene se estimulan de manera diferente ante las distintas intensidades de luz. Cuando la luminosidad es alta son los conos los que mandan el estímulo hasta el cerebro para darle significado a lo que vemos. Cuando la luz llega tenue, inclinada, cansada… son otras células las que se estimulan, los bastones, como si fuesen necesarias para caminar entre la penumbra apoyados sobre ellas.

Con frecuencia despreciamos ese susurro de imágenes que nos mandan los bastones, como si en sus grises fueran imperfectas, como si estuvieran incompletas entre las sombras, como si sólo el color y lo evidente tuviera sentido…

…Como si sólo lo visible fuera verdad.

Olvidamos que hay momentos que se ven mejor a la luz dubitativa de una vela, que las calles estrechas se abren bajo un farol, que la compañía ocupa todo el espacio bajo las estrellas…

La imaginación, el recuerdo, los sueños, la ilusión, la esperanza… también el miedo, la duda, la confusión… se perciben más con esos bastones que se han ido de la retina a otros rincones, para así poder ver en la oscuridad de la distancia, en las tinieblas de la ausencia o en el túnel del mañana…

Si todas esas células estuvieran en nuestros ojos seríamos capaces de ver en la más densa oscuridad, pero sólo veríamos lo mismo que bajo la luz… En cambio, al estar dispersas por nuestra alma, somos capaces de ver lo que aún no existe y, también, lo que ya dejó de existir…

Por eso, en algunas noches de verano, entre las montañas o sobre el mar, se puede ver la luna llena negra con esa tenue luz que tanta intensidad pone a la vida…

 

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