La inmerecida liviandad de los días

UN DIA CUALQUIERA-Foto-2Hoy ha amanecido el día sin señal alguna en el cielo, las aves han levantado su vuelo a la hora en punto en que lo han hecho, y las aguas han bajado frías y transparentes, de tropiezo en tropiezo con las piedras de un curso a distancia entre el mar y la montaña… Hoy podría haber sido un día especial, pero nada dice que lo haya sido…

Acostumbrados a la sorpresa de lo inesperado no hacemos caso de la liviana rutina de todo aquello que esperamos. Creemos que el simple hecho de la espera ya nos da el merecimiento de su sorpresa, y que esa rutina de la nada es suficiente para cambiar la deriva de aquello que hasta el momento no lo ha hecho posible… Como si la nada acumulada pudiera ser algo más que nada, o como si el silencio pudiera romperse con más silencio…

Los días no se merecen su liviandad, los hacemos culpables de nuestra ausencia y nos creemos superiores porque podemos acusarlos.

Aguardar a que ocurra algo sin hacer para que suceda, es como esperar en el muelle el regreso de un barco que nunca ha partido… Pero “sucede la espera”, y con ella la razón para no hacer nada, para que sea el tiempo quien llene la vida de días cualquiera, a la espera de que cualquiera de uno de esos días todo lo cambie…

Quizás algún día entenderemos que quien cumple años somos nosotros, que el tiempo sólo pasa sin más compromiso que no quedar varado entre los recuerdos que a veces levanta…

 

UN DIA CUALQUIERA-P