La vida en la luna roja

LUNA ROJA

Un forense siempre mira más al suelo que al cielo, los sucesos sobre la tierra pesan demasiado como para buscar esperanza alguna en las alturas… Quizás por ello nunca haya visto ascender alma alguna y, en cambio, sí me he perdido entre cuerpos sin vida y desalmados sin ganas de vivir. Pero también es cierto que la mirada de un forense no tiene destino pre-establecido, que su final con frecuencia está donde todo comienza, y que para llegar hasta él sólo tiene que seguir los pasos de las evidencias allí hasta donde la lleven…

Una “luna ensangrentada” en la noche oscura despierta algo más que sospechas… Acostumbrados a lunas crecientes y menguantes, a caras ocultas y expuestas, a eclipses totales y parciales… siempre con el mismo tono sobre su superficie, el color rojo revela que algo ha ocurrido allí donde las emociones y los sentimientos buscan cobijo.

Quizás sea la demostración más palpable de que hay vida sobre la luna, aunque haya quien se empeñe en demostrarla a través de canales labrados por un agua transparente y ahora ausente. Son los mismos que creen que la vida es sólo presencia, que no puede ser más allá de donde llegan las venas, las arterias y las terminaciones nerviosas… como si la vida y todas sus emociones terminaran allí donde acaban los límites de la anatomía.

Y la vida sentida está justo donde la lleven esos sentimientos, y nos acompaña hasta el momento donde la vivamos, sin más límites que las emociones que nos hacen palpitar fuera de límites conocidos y dimensiones fijadas…

Quien cree que la luna ensangrentada sólo es un eclipse, es incapaz de ver en ella un amanecer… la evidencia de que todo aquello que va a parar al aire sin ser sólo aire, existe y es real…

 

LUNA ROJA-P