El suave tacto de la distancia

CARICIAHay quien confunde el tacto con el roce y se pierde en la espera, como quien persigue la sombra si levantar la mirada para lamentarse de la soledad.

A veces son las sombras las que marcan la presencia, como otras es el silencio el que toma el argumento, o  los pasos los que logran que todo permanezca en su sitio… El equilibrio inestable de la vida hace imprevisible cualquier previsión en su acierto o en su error.

De este modo, nada será hasta haber sido… y mientras tanto tampoco podrá ser, pues desconocemos cómo  acabará esa irrealidad de la bruma, y decimos que no es mientras cambia de formas.

Presencia y ausencia se barajan como naipes para que sea la magia de un tiempo prestidigitador la que descubra el truco de su verdad,  y así  mostrar que todo era una ilusión o, por el contrario, revelar la certeza de su mentira y toda su desilusión.

Nada es en el mientras tanto… y cuando finalmente llega a ser, lo hace fuera del límite dado. Esa es la trampa. Quizás por ello, a veces, lo que define la realidad es la huella del sentimiento que deja, no la pisada que la marca.

Así, la distancia la da el tiempo, no el sistema métrico decimal; y  la silueta de la ausencia es dibujada por el silencio, no por la luz apagada que quedó atrás con el encuentro…

 

CARICIA-P

Por ello la ausencia nos acaricia en algunas ocasiones, aunque no nos roce; y por eso te puedo pensar e imaginar aunque sólo te vea…