Hay pasos que dibujan caminos, y huellas que borran la vida

PASOS

Los pasos se pierden cuando no encuentran destino, cuando el camino que labran no acoge la semilla que liberan en cada pisada, cuando las huellas reflejan más las dudas de avanzar que la decisión de caminar.

Es cierto que el camino se hace al andar, pero ¿qué es lo que nos mueve a dar esos primeros pasos?

No debemos confundir recorrer el camino con caminar.

Recorrer el camino sólo busca alcanzar un final, el trayecto es algo rígido que se presenta como un obstáculo que hay que vencer, y terminar significa volver a la deriva que te aleja y esconde de ti mismo. Caminar, en cambio, es vivir en el camino, el recorrido sólo es una excusa y cada paso una razón más para no volver.

Nunca se regresa al lugar de partida, o tú eres diferente o él ha cambiado. Por eso no hay regreso tras la partida.

Caminar es buscar, y la búsqueda siempre tiene algo de huida.

Se huye del pasado o del futuro, el presente  sólo es un accidente que no termina de suceder. Por eso nos atrapa en sus circunstancias y levanta dudas como paredes que convierten el tiempo en un laberinto de mármol frío, donde las huellas no pueden permanecer…

…Pero están los pasos.

El sonido de los pasos es más una advertencia que una presencia, una especie de código secreto que habla de una verdad o de una mentira.

Unas veces suenan como la voz apagada de una despedida que no quiere pronunciar el adiós, parece que no están, pero se mueven justo a tu lado. Otras, sus golpes se escuchan intensos, como tacones de aguja que saltan sobre el tímpano solitario de quien sólo espera escuchar un sí o un no, sin importarle todo lo demás. Parecen cerca, incluso que se pueden alcanzar con la mano y detenerlos, pero en verdad están muy lejos.

Somos pasajeros de nuestras propias decisiones, pero no víctimas de su deriva. La intención sólo es un deseo que con frecuencia se pierde por la ruta desconocida de la duda. Creer que los caminos conducen a alguna parte es un error, los caminos no se mueven y tampoco te empujan, simplemente están ahí para ser pisados por esas emociones que te hacen iniciar la marcha en busca de una salida o un encuentro.

Por eso hay caminares que avanzan despacio con sus pasos hundidos en la arcilla del silencio, y otros que se detienen al tropezar con monosílabos surgidos de la nada, y que conducen a la nada.

Si ahora miramos atrás qué vemos, ¿las huellas dejadas o los pasos dados?

Las huellas se borran con el viento de los días y las noches, quedan atrás para que alguien las siga o para perdernos definitivamente en cada intento de volver, y cuando persisten, como los recuerdos en la memoria, nos indican que hay algo que ya no es verdad.  En cambio, cada paso permanece en ese camino ausente que el  alma toma para huir a un destino desconocido que, quizás, pueda ser tú.