La vida es acostumbrarse a las despedidas

DESPEDIDAS-FOTO

Sus palabras quedaron atrapadas como el eco en el interior de una cueva sin salida. Caminaba por un Madrid que aún no sabía que el futuro nunca es un accidente, y lo hacía a esa extraña hora del toque de queda, el momento en que las personas parecen convertirse en estatuas a la espera de que la llegada de otras deshaga el hechizo, y así poder continuar juntas el día a través de la noche inexplorada.

Una pantalla de móvil se parece mucho a esa cueva sin salida. Atrapa la mirada en las sombras que habitan tras su luz, y las palabras que se escriben al frente siempre horadan profundas galerías sin salida.

Y eso debió ocurrir la noche de aquel día en Sol.

Esa mañana había escrito a Luis García Montero desde una Granada que, entonces, iba de paso por mis días, pero no fue hasta ese extraño momento en el que la espera pretende despedir a la soledad, cuando llegó la respuesta empujada por su poesía.

Nada parecía haber sucedido más allá de  ese intercambio de mensajes y sensaciones.

…Los pasos comenzaron el recorrido de la noche, la soledad tomó el metro de vuelta a casa mientras yo me metía en las luces de la oscuridad, pero el eco quedó perdido en el laberinto excavado en busca de una salida. No lo consiguió, sólo tuve tiempo de escribir una especie de mensaje:

DESPEDIDAS-POEMA