Las aceras nunca están solas en otoño

ACERAS OTOÑO

Tres horas después seguía sentando al sol en el banco. El día parecía sacado de un catálogo de El Corte Inglés para anunciar la Navidad, y lo habían decorado con mucho frío y con un cielo raso de esos que corta la mirada al levantar los ojos, pero él, acostumbrado a abrigarse con el hielo y la escarcha, no se había movido del sitio.

El hombre estaba dormido, un poco inclinado, como si se hubiera apoyado sobre sí mismo para mantenerse erguido y de este modo reivindicar su dignidad. No quería tumbarse sobre el banco, habría sido lo fácil y lo más cómodo, y probablemente su cuello luego no le recriminaría por qué no lo había hecho, pero desde que se acercaba hasta el banco había decidido evitar que todo el mundo lo viera con la mirada del rechazo.

Hoy no quería sentirlo, tan acostumbrado a vivir con él y a pasearlo por todos los lugares de donde termina por marcharse, hoy no quería el desprecio. Es cierto que no tenía la mañana como para detenerse en esos detalles, ni para escrutar los ojos de la gente intentando descifrar sus pupilas, pero cuando la noche terminó y sintió que por fin podría dormir algo en algún rincón soleado, no lo dudó. Le dio el último trago al tetrabrik como desayuno, y se puso a buscar un banco por el centro de la ciudad, nada de calles estrechas o parques solitarios, bastantes sombras tiene la noche como para rodearse de ellas en una mañana azulada.

De manera que se levantó de los cartones de una lavadora en oferta que otro colega le había prestado, se abrochó hasta arriba la trenca gris que ocultaba su verdadero color, y después de sacudirse un poco la suciedad y de tirarse de ella para que las arrugas se ajustaran mejor a su cuerpo, cogió su bolsa de plástico con el pesado equipaje de la nada y se marchó en busca de ese banco.

Sus pasos eran cortos y lentos,  la suma de todas las intemperies vividas y la resta de las soledades que no pudo vivir, habían acartonado su cuerpo y acortado su caminar. Pero tuvo suerte y lo encontró antes de que la gente tomara la calle y los comercios.

Debió sonreír cuando se sentó en él. ¡Que felicidad!, pensaría. Y  antes de que los recuerdos y los olvidos comenzaran a oscurecer su mirada, fue quedándose dormido al sol sin perder la compostura… Inclinado sobre sí mismo y con la cabeza apoyada en el hombro izquierdo, como si estuviera pensando o vigilando su bolsa de plástico.

Así estaba cuando lo he visto al pasar por su lado, y así continuaba cuando he regresado. Nada había cambiado, sólo la sombra giraba a su alrededor marcando la cuenta atrás hasta el anochecer.

No tiene prisa por volver a abrir los ojos, sabe que le espera una noche larga y aún más fría, el tiempo de la noche camina despacio y el calor se refugia en los hogares. La noche es escasa y transita cuesta arriba, por eso es tan difícil de habitar.

A pesar de ello prefiere mirar a la noche que al día. Estar solo de madrugada parece un accidente, estarlo de día una condena.

Ya no se siente culpable, andar por la vida sin destino y sin pertenecer a un lugar es una carga demasiado pesada como para arrastrar también la culpa, pero hubo un tiempo en que buscaba razones y motivos para todo, al igual que buscaba de todo entre la basura. Ya no, ahora sólo rebusca un poco de comida o alguna ropa vieja. Sólo cuando encuentra algo que le recuerda a su otra vida se detiene y parece que los ojos se le humedecen un poco más, pero sólo el tiempo que tarda en pasarse la mano agrietada y sucia por los ojos, con ella oculta esa mirada y arranca los recuerdos para dejarlos, una vez más, entre esos desechos envueltos en plásticos y olores.

Las hojas abandonadas del otoño pasan a su lado sin detenerse. Las aceras nunca están solas en otoño, piensa al verlas.

Ya atardece… Se levanta del banco y camina con dificultad. La calle está igual de vacía que cuando llegó en la mañana. Ahora se dirige a buscar un lugar aún más oscuro que la noche para que sus ojos no puedan ver nada.

Hasta las hojas caminan en dirección contraria por el asfalto, pero él nunca se siente sólo del todo… Aún confía en regresar.