La intermitencia del alma

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El alma debe ser líquida y lo más probable que transparente, quizás por eso resulta tan difícil de encontrar y sea tan escurridiza. Nadie la ha visto nunca, ningún forense la ha encontrado reposando en algún rincón del cuerpo antes de despedirse y emprender su largo viaje, ni ninguna radiografía la ha retratado en ese mundo más oscuro del interior humano.

El diccionario nos dice que es la “sustancia espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, que informa al cuerpo humano y con él constituye la esencia del hombre”.

Las mujeres no deben tener alma, o se la habrán bebido.

Porque el alma debe ser líquida y lo más probable que transparente… Si el cuerpo está formado por un 70% de agua, nunca nadie ha visto el alma, y tiene tantas capacidades a la hora de “entender, querer y sentir”, tiene que impregnarlo todo. No puede estar el alma en ese 30% de materia sólida, sería como una especie de tumor que comprimiría la zona e impediría el normal funcionamiento del organismo e, incluso, podría llegar a dificultar esas funciones tan esenciales que posee.

Tampoco el alma muere cuando muere la persona, fluye para desembocar en el mar muerto que forman todas las almas liberadas de sus mazmorras anatómicas. El paraíso debe tener poco de terrenal y mucho de acuático, según se deduce.

Ese hecho podría explicar por qué tampoco sabemos muy bien dónde se localiza ese paraíso, todo el mundo ha buscado un edén frondoso con un manzano vallado, y al final resulta que es una especie de laguna. Es normal que en tiempos de Adán y Eva, cuando ningún alma se había liberado y regresado a ese lugar, el paraíso fuera terrenal, pero después, como si se hubiera producido una gotera entre los dos mundos, cada alma ha sido una gota y entre todas y los siglos de los siglos una inundación.

Y no me extraña tampoco que el infierno sea fuego, si las almas van al cielo y los desalmados al infierno, no hay manera de apagar el incendio que uno de esos desaprensivos causó en algún lugar de los tiempos.

Todo es un poco confuso… Quizás sea el alma la que nos posee a nosotros, como si fuésemos una casa rural o urbana a la que visitar de vez en cuando y luego marchar. El alma debe ser líquida y lo más probable que transparente… podría llegar con la lluvia y marcharse disimuladamente en una ducha, nadie la vería y, en cambio, explicaría por qué tenemos días buenos y días malos…

Wislawa Szymborska escribió en su poema “Algo sobre el alma” de esa intermitencia:

Alma se tiene a veces.                                                                                                             Nadie la posee sin pausa                                                                                                         y para siempre.

Día tras día,                                                                                                                           año tras año                                                                                                                  pueden transcurrir sin ella…

…Y si el alma es a veces, entonces nuestra capacidad de “entender, querer y sentir” será también a veces…

Ahora que lo pienso puede que sea así. Explicaría por qué la distancia nos “desalma” y la ausencia nos golpea con su “alma letal”.  Por qué siento que me arrancan algo cuando te vas que sólo regresa contigo, por qué entiendo, quiero y siento mejor a tu lado, y por qué me pierdo en un sinfín de argumentos en la rutina…

Porque el alma prefiere el silencio, y para “entender, querer y sentir” en silencio sólo se puede estar cerca…

De mil conversaciones                                                                                                            toma parte sólo en una,                                                                                                            y no necesariamente,                                                                                                            pues prefiere el silencio.

…nos dice Wislawa Szymborska.

El alma prefiere el silencio, y el silencio prefiere al alma. El cuerpo es dolor, un dolor cada vez más profundo, como si buscara en su interior ese alma que silenciosamente se fue contigo una tarde de lluvia…

Y termina el poema “sobre el alma” con dos versos que se hacen compañía en la soledad final:

La alegría y la tristeza                                                                                                               no son para ella sentimientos distintos.

El alma debe ser líquida y lo más probable que transparente, por eso se deja ver en las lágrimas de la alegría y la tristeza…

No hay alma solitaria, tan sólo se solidifica en el tránsito de la tormenta que la trae y la lleva, el resto del tiempo es líquida y la compartimos con alegría y tristeza como vasos comunicantes.

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