La memoria de la mirada

MEMORIA MIRADA

La mirada es el gesto de amor más sincero. Algo tan sencillo y tan simple como una mirada se convierte en un relato capaz de superar la distancia donde se dibuja el horizonte, y de vencer la proximidad que cierra el tapiz de unos párpados. Pocas palabras se pronuncian tan alto como una mirada, y pocas caricias estremecen tanto como unos ojos deslizándose por tu presencia.

La memoria de la retina no está sometida a la razón. Todo es tiniebla más allá de la mirada, nada tiene sentido fuera de los límites del terreno de los sentimientos. Todo se presenta oscuro y agreste, pero es allí donde está la ausencia, el lugar que tiene que alcanzar la mirada y al que la noche encierra para hacerlo aún más largo y ciego.

Los ojos son vagabundos que caminan por la luz tras la estela oscura de la ausencia, por eso tropiezan tanto y no se detienen hasta rellenar la silueta que quedó tras esa última vez que te vi. Lo que permanece en la retina es la mancha de la realidad, no la huella de su verdad, por eso todo es un poco más cierto en el surrealismo.

Y resulta paradójico que en el universo de la palabra sea una mirada el primer ruego que nos une, y una mirada sea lo último que nos retiene en el trágico acontecer de la despedida.

La mirada del encuentro es ciega, nada ve, no hay realidad, todo podía ser, una vez más, el espejismo retiniano del recuerdo… Por eso se agarra con fuerza al roce de la piel y se esconde tras los párpados, para que la duda nunca se haga verdad en la quimera de la imaginación. En cambio, la mirada de la despedida es escurridiza, no sabe dónde dirigirse, aparece y desaparece hasta perderse, definitivamente, por el horizonte del adiós, allí donde se juntan cielo e infierno, en esa eternidad con cuenta atrás que vemos al frente como único destino.

Lo primero que lanzo para acortar el tiempo hasta ti, lo último que queda cuando ya sólo hay distancia entre tú y yo… Una mirada.

Quien hace de la distancia ceguera se pierde en el encuentro, y quien hace de la distancia presencia nunca regresa… Ese es el drama.

Cada vez estamos más lejos de lo que éramos y más distantes de aquello que íbamos a ser… La vida es deriva, por eso importa la memoria de la mirada. Es ella la que nos enseña a buscar en el retorno del ayer, y la que nos prepara para recordar cuando ya todo sea parte del mañana.

No es la vista la que cansan los años, es la mirada que se agota…