Cardiopatía poética

CARDIOPATIA POETICA-Corazon-2He visto muchos corazones, todos fríos y en silencio, encogidos por un tiempo que ya no cuenta con ellos y dañados por la vida que al final los abandonó. No había nadie ni nada en su interior. No es de extrañar que un médico forense se enfrente a esas imágenes. Ninguna de ellas me ha sorprendido.

La sorpresa la producen otros corazones, aún más fríos, silenciosos y vacíos, ocultos en cuerpos abrigados por palabras que buscan el silencio como  lápida sobre la que escribir el epitafio de que nunca nada se dijo. Quieren hacer de la realidad aquello que se abarca con la vista, cuando tan sólo es su puerta de entrada. Buscan que cada día sea el comienzo de los tiempos y cada noche su final, que nada haya ocurrido hasta que ocurre, y que tan sólo su resultado tenga sentido.

Un mundo sin poesía es un mundo sin esqueleto, una vida fláccida y manipulable. La poesía se rebela frente a la inmediatez de lo temporal y contra la temporalidad de lo inmediato, y yo quiero rebelarme con ella.

Decía Descartes que “el filósofo camina enmascarado”, y quizás porque la filosofía vive en el mismo barrio que la poesía, tan sólo a un corazón de distancia, el poeta Pere Gimferrer se acerca  a esa idea y afirma que “el poeta camina enmascarado”. Ese pasar desapercibido en sus intenciones es el que le permite mirar la realidad desde otra perspectiva y vivirla de forma diferente, también para los demás.

Y es quizás de esos encuentros de los que surge la verdadera poesía. Decía Borges que “la poesía es , cada vez, una experiencia nueva. Cada vez que leo un poema la experiencia sucede. Y eso es la poesía”.  De alguna manera nos indica que la poesía no termina de ser vivida del todo, que no sacia la necesidad del que la busca en una primera mirada, o puede que busquemos distintas necesidades cada una de las veces que nos acercamos a ella, como el que viaja a un mismo lugar por diferentes motivos. La poesía nos espera y sorprende, esa es su esencia.

En ese sentido, resulta muy gráfica la anécdota que contaba en una conferencia. Explica que el pintor americano James Whistler se encontraba un día en París entre un grupo de artistas que discutía sobre el modo en que la herencia, el ambiente, la situación política del momento y otros elementos influían en el artista y en su obra. Whistler, probablemente un poco cansado de la conversación, de repente dijo: “el arte sucede”. Y es lo que ocurre con la poesía, “la poesía sucede”, y sucede cada lectura del poema.

La poesía tiene algo de viaje a lo ignoto, de espeleología de la vida, quizás por eso cada vez es esa experiencia que sucede y lo hace de manera diferente en cada ocasión, porque aunque te adentres en ella por la misma gruta, el foco de las emociones no siempre ilumina en la misma dirección ni los ojos filtran los mismos estímulos.

Por eso sucede cada vez y es distinta en cada ocasión.

Leopoldo Lugones, poeta argentino, dijo allá por 1909 que cada palabra es una metáfora muerta, y un forense tiene la inquietud, casi la responsabilidad, de mirar más allá para averiguar porqué mueren las palabras, quién las mata, o qué circunstancias las llevan al suicidio del silencio.

Mi mirada, ya (des)cansada, quiere atravesar la realidad opaca de los días para encontrar la salida de la poesía y con ella la revolución pendiente, que no es tanto de ideas como de sentimientos. Y así, mientras hay quien grita aquello de que “el saber nos hará libres”, yo alzaré mi voz para gritar que “la poesía, simplemente, nos hará”.

Y no me refiero sólo a la poesía del poema, ella será el principio activo, el fármaco o elixir que ayudará a hacernos, me refiero a la poesía en su sentido más amplio, a ese suceder en las palabras que nos moldea en el barro original para impregnarnos de esa capacidad de ser y suceder.  Una veces los sucesos nos llevaran a la poesía, y otras será la poesía la que nos devuelva un poco más hechos después de haber sucedido.

Quizás por ello uno siempre se siente extraño ante ella, como ese primer día de curso cada año, sabes que es la desnudez tu único ropaje, eres tú solo ante la poesía, y sabes que va a descubrir algo nuevo de ti que hasta ese momento desconocías o habías olvidado. Si hay un lugar donde van las palabras que son aire, debe ser una especie de almacén donde la poesía las guarda. Un lugar repleto de palabras muertas pendiente de la resurrección divina de la poesía.

“Cardiopatía poética” no busca sólo compartir poemas, también hablará desde la poesía o hacia la poesía… Comentar lo que la envuelve, lo que otras personas viven como tal. También mis dudas, mis inseguridades,  la amargura de la distancia o la traición del tiempo… hablar de esas palabras que palpitan desde un corazón que late contra corriente  en busca de la desembocadura de un poema que no siempre se alcanza. La poesía está en la vida, el poema la destila y la concentra, pero ella sigue estando presente en espera de suceder.

En definitiva, “Cardiopatía poética” pretende dar salida a la “revolución pendiente” y a que la poesía nos haga un poco más. Si lo logra y la poesía nos hace seremos libres, iguales, dignos… porque habremos culminado ese proceso de “humanización” que un día alguien detuvo para justificar lo divino y lo inhumano.